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Vacío

Pinterest Las hojas de los árboles son verdes, se mueven al compás del viento y me saludan al llegar a casa.   Mis gatitos me reciben con colitas paradas y maullidos, y en la noche me arrullan con ronroneos.   Mis perritas se mantienen a mi lado, aunque ya no vean o no puedan moverse como cuando estaban cachorritas.   La gente sale a la tienda, al mercado, al trabajo, a prisa, como si la vida fuera más lenta al correr. La música suena para apagar el silencio, o tal vez para no escuchar los pensamientos. Todo parece funcionar bien, como un reloj. Cada cosa tiene su lugar, su ritmo, su propósito.  Y, aun así, siento que hay algo que no logro nombrar.  Tal vez soy yo la que se puso en una esquina de aquella máquina de reloj. Tal vez mis lentes están empañados. Porque, aunque agradezco todo lo que me acompaña, aunque “todo parece ir bien”, hay algo que no se llena. Es como si llevara un vacío en el pecho. No como adorno.  Uno que no se sacia, que no respon...

Silencio

En todos estos años, para mí, el silencio ha sido como una cobija calientita que protege de todos los monstruos, internos y externos.

Cuando era muy pequeña, varios adultos e incluso niños me preguntaban si los ratones me habían comido la lengua o por qué hablaba tan poco; algunos dudaban de mi capacidad para pronunciar palabras. Debo aclarar que crecí en los noventa, con la premisa de que debía ser “niña buena” y no cuestionar las cosas. Entonces no tenía el valor de responder; por el contrario, me aislaba más y quería hablar menos.

El silencio siempre ha sido como una guarida que me mantiene a salvo porque no llamaba la atención, o como si fuera una gran capa que me ayudaba a desaparecer. Salvo ante los crueles, que se daban cuenta de que los observaba; eso no les gustaba y me señalaban para bajarme de aquel mástil que creé en mi cabeza, como si estuviera en un barco.

En estos últimos años siento que la vida lo está usando como forma de castigo. En realidad, eso lo dice mi lado inmaduro; sé que, no tan en el fondo o en un futuro no tan lejano, me enseñará algo muy valioso.

Pero en sí, el silencio no es lo que me causa dolor; son los procesos, las personas encargadas del reclutamiento, el tiempo o simplemente la acumulación de trabajo que les impide estar al pendiente de todos los candidatos descartados.

Es el eco que no responde en forma de un mail o un mensaje. Es que alguien más me ponga la capa de invisibilidad y me la aviente en la cara, muchas veces lastimando y creando un silencio afilado.

Hay silencios que, aunque duela aceptarlo, son la respuesta que estamos esperando. He aprendido que algo más cruel que un tipejo que no quiera responder algún mensaje es cuando responden por compromiso; cuando no encuentran la forma de librarse de ti por educación o por cualquier razón.

Existen silencios que son el espacio perfecto para que una emoción madure. La tristeza lo usa para crear lágrimas, o quizá es el tiempo en el que invade el cuerpo. Creo que casi cualquier emoción necesita del silencio para procesarse y después poder expresarse o definirse.

Hay silencios necesarios para crear, sin la distracción del ruido cotidiano; silencios que ayudan a ordenar las ideas o simplemente a caer en un momento de inspiración y dejarse llevar para confeccionar algo, sin importar las herramientas.

Algunos tantos son sanadores, casi mágicos, porque permiten relajarse de cualquier preocupación. Otros pueden ser incómodos, pero podrían indican que no son el uno para el otro o quizá que no conocías a esa persona como creías.

También existen silencios vacíos que, si te encuentran débil, como un huracán te arrastran con fuerza y, en lugar de volverse inspiración, se transforman en pesadilla. A la ansiedad le encanta el silencio porque es cuando aprovecha para susurrar pensamientos intrusivos o crear imágenes que posiblemente no sucederán. En cambio, si logras encontrar una salida del laberinto silencioso y te aferras a algunas palabras, a una actividad, a una persona flotante, a una mascota o incluso a una rica comida, puedes salir de esa turbulencia.

A la ansiedad se le debilita con ruido, con movimiento, con acciones que son lo opuesto al silencio inmóvil. La tristeza, en cambio, tiene la ambivalencia de querer silencio para llorar, para sentirse; no es tímida, al igual que la alegría, que también necesita expresarse. El problema surge cuando combinas ambas emociones con el entorno social y quién sabe qué más: esos silencios pueden volverse trágicos y dolorosos. Son los más preocupantes, pensando en las dolencias y sufrimientos que cada persona carga y sufre a solas, o que pueden orillarla a atentar contra su propia vida.

En la música, el silencio no es ausencia: es pausa, tensión y promesa. Quizá en la vida también.

Las desventajas de ser un robot sensible

Las entrevistas son pocas en un mundo que exige habilidades como si la especie humana aspirara a ser un robot: uno que no siente, no se cansa y solo existe para producir dinero. Entre menos sientas o pienses, mejor. Así te podemos programar al gusto.

El verdadero problema es que, como un gran idiota me dijo alguna vez: “sientes mucho, no deberías hacerlo, trata de ya no sentir”. Ojalá fuera fácil. 

Como si mi sensibilidad, la forma en que veo el mundo, a las personas e incluso a las cosas, mi sentido de justicia y mi manera de pensar fueran un botón que pudiera manejar a mi antojo; prenderlo y apagarlo según convenga para no incomodar a los demás.

Al mismo tiempo, hay otra parte de la población que siente algo parecido, más o menos que yo, que lo aplaude y casi exige sentir aún más, como si no existiera un precio que pagar por vivir de esta manera.

Peor aún: la sensibilidad —o todos estos sentimientos que ni siquiera siempre se pueden nombrar— no se pueden monetizar, entonces debes aprender a ponerte un traje. El dinero no se lleva bien con los sentimientos… bueno, salvo con los de avaricia; esos siempre están ahí, coqueteando. Seguramente alguna vez caí en eso. Tampoco quiero hacerme la mártir ni la inocente, porque sería la primera mentira del texto.

Por eso dicen que no es bueno estar en medio. Aparentemente ese siempre ha sido “mi problema”: no decidirme por un lado. No porque no quiera, sino porque otra cosa en mí es la polarización extrema. Todo es blanco o negro. Me olvido de la existencia del gris y de los miles de millones de tonos intermedios.

Aun así, siempre elijo el cero, porque está al centro del plano cartesiano. Como referencia. Como punto de partida. Como lugar incómodo desde donde miro todo.

¿Ahí es donde existe o afirmo mi humanidad?

2025

Este año se sintió como una extensión del anterior, como si no hubiera ocurrido el cambio de calendario. A veces tengo que preguntar si algo pasó en 2025 o en 2024. Los meses se desdibujan, se superponen, pierden contorno.

Fue un año atravesado por el silencio de las empresas, y mi mente, experta en llenar vacíos, aprendió a poblarlos con defectos que quizá no existen. Una forma torpe, pero eficaz, de anticiparme a comentarios que nunca llegaron.

Con el paso de los meses entendí que estaba esperando un eco que no volverá —diría Cerati—. Ya no sé si fui consciente de mí o qué tan adentro estuve de ese agujero de conejo por el que sentí que caía, lenta pero constantemente.

Un año que no parecía dar tregua para sentir. Antes de tomar la dificilísima decisión de dormir al amor de mi vida por catorce años, el tiempo se volvió huracán. Desde la pérdida de Lucho, todo giró con más fuerza. Lo extraño profundamente, igual que a Pi.

La quietud no fue sólo laboral. Fue como si el ojo del huracán me hubiera atrapado y, desde ahí, todo se silenciara. Desde fuera podía parecer que todo estaba bien, pero alrededor persistía un caos que, hiciera lo que hiciera, no parecía tener fin.

Agradezco tener la música. Tener ese tipo de trabajo y dos bandas que amo, que me sacan del huracán o me devuelven a la realidad lo suficiente como para recordarme que ha pasado otro mes, y luego otro más.

El entusiasmo por alcanzar una meta me ilusionó varias veces. Más de una vez confundí el avance con el regreso al mismo punto. Y aun así, la música volvió a rescatarme: me acercó a algo parecido a un centro, o al menos me mantuvo ocupada, sintiéndome útil.


Tal vez no salí del huracán. Tal vez sólo lo musicalicé. Pero eso bastó para sentirme acompañada y creer que los vientos no eran tan despiadados como parecían.

Fui a Cuernavaca. Anduve del tingo al tango con la orquesta hasta casi finales de año. Volví a cantar con el coro y, sólo por eso, podría decir que fue un buen año. Pero hubo más: estar en contacto con Lobito; entregarle el muñequito que hicimos mi mamá y yo; asistir al concierto de los Bandalos; ver a mis dos bandas favoritas sacar nuevo disco; reencontrarme con Aurora en el Corona Capital; cumplir el sueño de ver a los Gallagher juntos otra vez; y permitir que Russian Red trajera de vuelta memorias como una ola.

Como cereza en el pastel, tuve el enorme honor de proyectar en Bellas Artes. Confirmar cuánto he aprendido y aceptar, sin culpa, que me gusta profundamente hacerlo.

Fue un año de cambios en casa, de trabajos pendientes, de conocer lugares nuevos, trayectos distintos y música compartida gracias a Amito. Un año de intentos, de aprendizaje. De disfraces tiernos y bien hechos, de risas, lágrimas, sueños extraños e historias que valdrá la pena recordar.

También fue el año en que entendí lo fuerte que es mi cuerpo y la cantidad de estrés que puede soportar para mantenerme viva. Y quizá, sobre todo, el año en que confirmé cuánto amo a mis gatitos y lo importante que es para mí cuidarlos y protegerlos.


Según yo, quería subir más fotos pero mi texto tampoco fue muy largo. Equis. Como cada año, gracias por leerme. Que tenga un año lleno de salud, éxito pero sobre todo, de música. 

Ojalá que el 2026 sea el año en que se acaben las guerras, la economía se recupere un poco, consiga un lindo trabajo o lo surfee como este o mejor aún. 


Cuerpos vol.1

Es el disco número 14 de estudio (lo que ellos llaman oficiales) y creí que ya estaba acostumbrada a su evolución musical que claramente -mucho o poco- tiene relación con su vida personal y/o con el paso del tiempo que a todos nos afecta. 


La realidad es que no sé que opinar exactamente del disco. A primera escucha me sorprendió muchísimo y me sentí muy orgullosa de la banda de mi vida por reinventarse sin miedo ante ellos mismos.


Creo que desde Advertencia venía notando cierto patrón que pudo iniciar desde La pregunta (o no): esa necesidad de mostrar que se mantienen actuales, de mostrar que no son los mismos de los 90 -¿Quién podría?-, que lo único que no ha cambiado con los años de trayectoria es la necesidad de hacer música para ellos mismos. 


Lo escuché y, la verdad, no me gustó. No entré en pánico porque pensé que tal vez estaba distraída; aparte lo puse en la bocina. Siempre he sentido que la música en bocina es lejana a mi porque debe llegar a muchos oídos y no tiene la misma fuerza que en unos audífonos: más cercanos, más potentes.


Salí a la calle con audífonos con la intención de callar esa ansiedad que siempre me acompaña en esos casos, sumando la emoción de ¡Un disco nuevo!. Lo más tranquila que pude, se reprodujo en todo mi camino hasta mi destino... pero algo no terminaba de gustarme. 


Empezaba a reconocer canciones o ritmos, pero no terminaba de entrarme; posiblemente porque la ansiedad no iba del todo anestesiada. 

Lo comentaba con Flor y compartiamos la experiencia como siempre: sin importar la distancia, no terminaba por cerrarnos. Yo le comenté que tal vez porque estaba lento y ese tipo de ritmo en ellos tarda en convencernos...pero no estaba segura de esa afirmación. 


Por ahí se oían guitarras que hacían el amago de sonar a algo conocido; voces que recordaban a algo más reciente, a pandemia. Pero esa música que ponía para ir y regresar de la facultad, cuando escribía con Flor, Darge, Seba y Facu no existe en cuerpos volumen 1.


Creo que sonar a eso sería una falta de respeto para ellos mismos. Con eso en la mente, me empecé a angustiar y pensar: ¿Qué haría si no me gustaba el disco? ¿Por eso debería de dejar de escucharlos? ¿Me debería obligar a que "me guste" o debería fingir? Por suerte llegué a mi destino antes de terminar de tejer esa red de preguntas y no construí la araña que me devoraría. 


Al día siguiente, con calma lo puse en la bocina otra vez mientras hacía mis quehaceres hogareños y, para mi sorpresa, ¡Me gustó! no sé si estaba más feliz con eso o por el disco. Después de todo, 3 años sin escuchar algo nuevo es algo que se debería de festejar. 


Con el paso de los días lo he seguido oyendo y, sin darme cuenta, me pone a bailar y cantar naturalmente, como si fuera otro albúm que me enloquece como en todos estos años de hacerme llamar sónica. Con eso en mi cabeza y en el corazón, podría hacer una reseña sin enojo o tristeza, lo más objetiva posible. 

Cada que inicia el disco, no puedo evitar pensar que empieza como la música que Youtube te pone antes de iniciar el vídeo cuyo contenido estás ansioso de ver... hasta que la voz de Adrián lo rompe y dice una frase muy Dargeliana: "nací cansado de esperar". 

Con esa provocación que hace tiempo no escuchaba en Adrián, diría casi excitado por los nuevos ritmos que han logrado. 


Claramente, en todo el disco no hay ritmos bailables como en los 90; ni ellos ni sus fans más "fieles" tenemos la juventud de esos años, y es más fácil escuchar un show de ellos sentados o bailar más lentos. 


Revelaciones aparte tiene esos tintes de rock que siempre han tenido: diferentes, con su propio sello y a su manera, con un Adrián pidiendo explicaciones coquetamente. Pero me estresa mucho porque corta la palabra "futuro" y así en todo el disco corta palabras. Amaral me dijo que siempre lo ha hecho así, pero yo insisto en que es diferente porque antes cortaba frases, no palabras. El coro me causa mucho estrés porque me reencanta el ritmo, pero algo no esta en paz como en otras ocasiones. Y al mismo tiempo me encanta porque justo eso es lo que buscan. 


Pasando a Maracuyá, me recuerda a una frase que Mariano Coger dijo en instagram: "Panza tiene menos trabajo que cuando Adrián fue lavacopas en Inglaterra". Y es muy cierto; desde que lo leí no he podido de pensar en el pobre Diego ahí atrás, mientras que Tuñon y Uma estarán super ocupados. Jajaja.


Maracuyá es pegajosa. Me imagino que es para sentirme en una pasarela de modas cuando voy caminando por la calle. 

Foto viejita de no sé donde (perdón) porque ya no hay muchas fotos recientes 

Cocos...no sé que pensar o decir porque me incomoda (punto para ellos) que la voz suene super nasal hasta deformarse (eso me encanta) y sin más, regrese a su voz más grave para provocar como siempre. De las letras mejor no hablo, porque Adrián cada vez se supera más así mismo. 


Pero ese coro de "luz, luz" siento que es desesperado, y luego me regresan a la paz fluyendo con la música, nueva e inovadora. Parece que él mismo oye mis pensamientos y me dice: "Yo no soy el problema. Ni la solución (De momento no)". 


Advertencia me reencanta; ya no diré nada porque ya lo dije y no hay mucho que agregar. El otro día Amitos me mando una foto: encontró publicidad en la calle del disco. Pregunté en instagram a los demás sónicos cuál era su canción favorita y sólo tuve 2 respuestas: una me dijo que le ha costado trabajo el disco y otra sólo me dijo que advertencia


Y sigo preguntándome si ahora esta generación seremos los que antes pedían canciones de los 90 cuando recién sacaron Jessico o Infame. Me calma saber que no soy de las pocas a las que le costo trabajo este trabajo de los chicos en el pasto. 


Es más curisoso el título del single, porque no pueden decir que no nos advirtieron que colapsaríamos con todas las demás canciones, que iban a mover muchos sentimientos, incomodidades, anhelos y preocupaciones. 


En Miau me recuerda a una canción de una cantante española por alla del 2012; en realidad sólo al inicio. Lo demás me superintriga: no entiendo por qué nació el titulo ni la relación entre la letra con el "miau". Es una relación amor-odio. 


Pero supongo que se refiere -o se inspira- en que ahora ya casi nadie habla; todo es por mensaje o a través de pantallas. Habría que esperar alguna entrevista, que cada vez son más escasas. 


Labios apilados si me tiene de rodillas. No sé si por esas guitarras más "pesadas" (rock) o por la mezcla del aparato que siempre toca Uma, que suena a batería pero con botones. 


Ese "pronto dirán", el silencio súbito y volver a agarrarte con ese ritmo es el verdadero efecto sónico desde que iniciaron (desde mi perspectiva, claro está). 


Por lo pronto entre esta y mercado blue están mis favoritas. Me llama la atención que en este disco Mariano aparece en muchas letras, aunque pensé que los Diegos estaban más involucrados por los sonidos. 


Mercado blue sigue con esa provocación, como diciendo: "Soy esto; el ser yo no es gratis (guiño, guiño)." Seguramente podrían ofrecerme mucho dinero en algún mercado de la deep web o de la sociedad, pero aún así no cambiare. Te guste o no, seré y seguiré siendo yo mismo. Ay los amo demasiado. 


Sin más, lo declararé mi himno. Ojalá mi subconsciente lo entienda que sigamos siendo nosotras mismas sin importar lo demás. 

Y demasiado curioso la canción con la que termina, porque reafirma el "Quiero seguir siendo yo", aún con el cambio de ritmo, de influencias o de público. Los baba seguirán siendo ellos para siempre. 


El miedo de que anuncien su retiro siento que nos respira en la nuca y quiero callar esa voz porque sé que no es real. Eso mismo podría haber pensado desde a propósito y han pasado 14 años de eso y aquí seguimos: ellos conmigo, musicalizando como siempre cada recuerdo o pensamiento. 


LOS AMO demasiado <3 


Todas las fotos son gracias a Fotologs o al internet de hace tiempo.


Advertencia

Me encanta como el misterio los envuelve otra vez. Los segundos que venían anticipando después de hacer publicos los letreros por todo Buenos Aires, era la mezcla perfecta de nostalgía por discos como A propósito o Romantisismico encajado perfectamente con los bits de la pregunta combinado con Bye bye o la izquierda de la noche*

*Eso es desde mi punto de vista. Está bien si usted no opina lo mismo. Calma.*

Es como si todo lo que ha sucedido a la humanidad estos años hubieran sido necesarios para llegar hasta hoy, pero sin la sombra de la muerte de la pandemia o el miedo a salir.

Me encanta como el Adrian coqueto y provocador condensa el tono perfecto para decir frases como “eso parece”, con una combinación de complicidad y armonía. 

Amo que el coro de Uma dibuje el camino que dejó a medias su hermano para continuar provocando uniendose con los perfectos riff de las guitarras para invitar a bailar. 

Y ni hablar del vídeo. Me encanta que salgan todos, que muestren los difrentes instrumentos que introducen. Que los bailarines acompañen a Adrián; el cambio de cámaras y que cuando va a decir advertencia, Dárgelos quedé en primer plano previniendo el título; que nos muestren el vídeo del vídeo del extintor. 

Sé que hace mucho no escribo de ellos y que puede parecer que ya no los amo como antes o que sólo me interesan cuando sacan algo nuevo o algo así. 

Yo sé que no es cierto pero también que a nadie le importa. La verdad que si he estado alejada de ellos porque después de que regresé del Luna Park, siento que literalmente fui a la luna con ellos y que nada lo podrá superar. 

Peor con la pandemia; me pasó algo que aún sigo descubriendo. La pandemia me hizo extrañarlos por montones, aunque también creo que la que ha sufrido más cambios que la propia música de ellos soy yo. 

Tal vez me alejé de ellos porque necesitaba desintoxicar las canciones, quitarles el poder de recordar ciertos momentos o acciones que pasaban en ese momento que sonaban en mis audífonos. 

Mi estado empeoró porque me daba tristeza alejarme de ellos, me asustaba que todos estos años de música y anécdotas juntos mostraran que todo fuera una farsa. 

Aún no sé si me curé; pero estoy super segura que ellos son mi vida y agradezco que sean los elegidos para saber que aún existe algo que me emociona, que me hace sentir viva y que desnutre mi tristeza (aunque sea por 3 min que duré cualquier canción de ellos). 


110925 - 031025

Lucero

No hay fecha que no se cumpla...

07/11/11 - 12/05/25

Uno de los días que tenía miedo que llegará, sucedió...Tuve que dormir a mi amado Lucho, Luces, Lucero. El amor descolorido por siempre de mi vida.

Regrese del veterinario con la transportadora vacía, la cobija que tiene tu nombre, un papel con tus huellitas plasmadas, un frasco con la última esencia de ti y el corazón roto.

Mandando un beso (?)

No traje tu cuerpo pero llegué con tu ausencia, tus recuerdos y el dolor de no poder llamarte por tu nombre, de no verte tirado al sol o en la cama, de no poder acariciarte y decirte: ¡Que hermoso, Luces! cada vez que te retorcias por llamar la atención y que te acariciara debajo de tu boca y al lado de las orejas. 

Cuando los 2 estabamos descoloridos

Despedí a un gatito de casi 14 años, pero siento que perdí a varios, uno de los más importantes porque siempre fue mi base; hasta el último momento estuvo para mi diciéndome que no estuviera triste, que él haría todo por no verme así como cuando me hizo cosquillas con su cola para que dejara de llorar por una cosa insignificante de la facultad; abrazarme mientras sonaba su suave ronroneo cerca de mi. 

Llegó una tarde/noche del 7 de noviembre del 2011 con su hermano, a los que mi abuelita bautizo como Medina y Lucero. 

Siempre fue coqueto para las fotos

Con su hermano y la Minita

No sé si mi abuelita eligió ese nombre porque sabía que, a partir de ese momento, junto con mi Estrella iluminaron mi vida para aliviar un poco el dolor de  la perdida de mi amado Romel, las ausencias y dolencias que el camino ha presentado, en todos estos años. 

Lo dicho, coqueto siempre

Y desde ese día empezaron muchas fotos, muchos recuerdos, demasiadas aventuras, varias canciones y muchos cambios de nombre...

Después de Lucero, para abreviarlo le comencé a llamar Luces, sinceramente lo hice por abreviarlo pero después caché que era una canción de los Baba, así que me encantaba, incluso, el primer nombre que le puse al blog era "pijama de luces" en honor a mi gato; después lo cambié por no sé que razón. 

Quien sabe como le hacía para la pose perfecta

Como por el 2015 cuando mi intención era aprender un poco de italiano en duolingo, aprendí que luz se dice "luche", entonces, el nombre de mi gato sería "luchi" y desde ese día, empecé a llamarlo Lucho; él siempre fue feliz con todos los cambios de nombre porque se adaptaba súper rápido, siempre fue muy inteligente para obedecer sin importar el nombre. 

Apretaba mi dedo para que no me fuera

Sabía ganarse el cariño de los que lo conocieron; de mi abuelita al llamarlo su niño gato porque la acompañaba en la cocina todas las tardes a la hora de hacer la comida porque sabía perfectamente que mi abuelita le daba premios de lo que cocinara y por las tardes, se echaba en sus piernas para ver películas o las novelas. 

Incluso se ganó el amor de mi mamá, que ahora llora conmigo por no tenerlo a nuestro lado, ya que fue la encargada principal estos últimos 2 años de alimentarlo con su carne molida por las tardes.

De los múltiples veterinarios que visitó, porque vaya que fue un gatito viajero, todos sin excepción (al igual que con mi Pi) me dijeron que era un buen gatito porque no se ponían locos y se dejaban explorar bien; conmigo en casa se transformaba pero eso es otra historia. 

A veces se subía así y si no le hacía caso, me jalaba el cabello

Incluso, hasta el carnicero se encariñó con él porque nos daba buena carne para que comiera en este último año que peleo con las úlceras en su boca como consecuencia de la leucemia diagnosticada en mayo del 2023. 

La gente que pasaba y lo veía decía que era un "michi león", llamaba la atención por su color, su tamaño y lo hermoso que se veía acostado en la mochila con sus greñas muy leoenezcas. 

Tal vez, desde el día de su diagnóstico, me empecé a hacer a la idea de perderlo como parte de la vida, obvio sabía que ese día llegaría pero como a un familiar, nunca se está lo suficientemente preparado para perderlo; me aferré a él, lo único que yo pedía a la vida era que no sufriera dolor o lo menos posible para que me permitiera estar otro tantito con el amor de mi vida. 

2024, de las últimas fotos donde no se veía tan malito

Justo por todo ese amor y con todo el que estoy tratando de plasmar aquí, se decidió dejarlo ir para que no sufriera tanto por más que lo sigo buscando en las mañanas al despertar, en las tardes para comer o en la noche para dormir. 

No hay forma de explicar el agradecimiento a Dios, al Universo, a Bastet por dejarme conocerlo y tenerlo a mi lado con sus ronroneos, pelitos güeros en mi ropa y por doquiera de la casa, por tanto amor que me mostró, por cada abrazo que me dió y cada bistec o pieza de pollo que le robó a mi abuelita sin que se diera cuenta. 

De mis fotos favoritas con él. Siempre a mi lado
Por cada juego que me seguía la corriente, por cada berrinche que hacía y mostrar que era el consentido hasta el final. Siempre será el amor descolorido de mi vida para siempre. 

Viernes

Odio los viernes. 


Los odio porque me doy cuenta que nadie me llamo de las solicitudes que mandé, que las escasas entrevistas que tuve me mantendran en alerta hasta el lunes. 

Los odio porque me hacen sentir más inútil que el resto de la semana, es como si me reclamaran que no estoy cansada por algo que no he hecho, como si hubiera perdido el derecho a sentirme cansada porque basicamente, descanso toda la semana. 

Odio los viernes porque se acerca la posibilidad de tener que salir a la calle a cambiar un poco la rutina fuera de casa y, en realidad no sé si quiero cambiar mi rutina de casa, pero al mismo tiempo no quiero sentirme perdedora estando por siempre en ella. 

Ni siquiera sé si eso me hace perdedora o no. 

Odio los viernes porque la gente que revisa las solicitudes debe estar harta y fastidiada de la semana que no tiene ganas de revisar la mía. 

Odio los viernes porque siento el cansancio de los demás y me culpo por no sentir algo parecido. 

Odio los viernes porque en algún momento los ame, cuando encontré a mi gato 2 veces. 

Es como si la vida se riera de mi los viernes...