No sé cómo iniciar esto sin parecer que estoy desesperada por deshacerme de ti, o creas que lo hago para halagarte y así, en una de esas, podríamos llegar a una tregua.
Me hubiera gustado que la primera vez que nos conocimos nos hubiéramos hecho amigas o que, al menos, te hubiera puesto un bonito nombre. He llegado a creer que por eso me tienes rencor y hay días que me atacas sin piedad, porque entre más desesperada o inquieta me sienta, tu poder crece en mí.
Ahora que con el tiempo te conozco mejor, me atrevo a llamarte amiga, porque si hay algo seguro en la vida, es que nos iremos juntas a la tumba; no te puedo expulsar o separar de mí. Ya no sabría que hacer sin ti y, como diría la canción: somos una misma, uo uo.
Otras veces, creo que lo que te molesta y utilizas para atacarme es que, en todos estos años, no te he agradecido las cosas buenas que haces por mí, cosas tan sencillas como el no perder mi suéter o mis libros en la escuela, por decirte algún ejemplo sencillo. Sé que haces cosas más grandes por mí y que no siempre tengo el amor o tiempo hacía ti para dedicarte un “simple” gracias.
En algún momento llegué a pensar que eras mi enemiga, que debía mostrarte que no me podrías ganar y que somos diferentes “personas” en un mismo cuerpo; después entendí que no somos rivales y, sin embargo, cometí el error de obligarte a adaptarte a mí en lugar de crear un espacio amistoso.
Sé que te gusta acariciar gatitos y que te da miedo que algo o alguien les haga daño. Sé que los huecos o espacios vacíos te alteran y una de tus actividades favoritas es llenarlos con historias, miradas, detalles y sospechas de tu alrededor.
Sé que no te gusta ser el centro de atención ni equivocarte; por eso te agradezco que me permitas disfrutar de conciertos, la música y bailar.
Percibo que te da miedo salir a la calle sola, pero si nos tomamos de la mano, podemos asomarnos un poco para tomar alguna linda foto y entender que no hay nada que temer.
Debo agradecer que confíes en mi para aprender nuevas cosas, a pesar de que no te gusta sentirte tonta y algunos días, me eches en cara que no sabemos nada; me parece que ahí apenas estamos encontrando un punto medio para que ninguna de las dos nos bloqueemos el camino.
También sé que uno de tus deseos frustrados es ser adivina para conocer el futuro, que una de tus especialidades es cocinar escenarios dignos de una producción de Broadway, pero eso si me agrada; de otro modo, nuestras letras estarían secas en el desierto y no estaríamos intentando crear esta carta.
Estoy un poco emocionada por la próxima cita con el especialista, porque siento que será como tu fiesta de bautizo o la entrega de ese título universitario que a veces me gritas que lo necesitas para sentirte parte de algo, para justificar la falta de un trabajo o de una identidad… como si eso nos diera el valor en la vida, o al menos, eso me has hecho creer.
Pero en serio, será como que darte alguna forma real y no solo un reflejo en mi cuerpo a través del dolor, de unos granos con comezón desesperante o un estómago revuelto.
Con amor y delirio, tu amiga Silvia
Pd. Recuerda ver más allá de tu nariz y no centrarte en las cosas feas.
Justo me estaba desahogando con chatGPT porque, inconscientemente, mi cerebro me sigue traicionando; me susurra que necesito un título o en todo caso, una etiqueta y que posiblemente, eso me hará salir de la crisálida para volar entre la felicidad porque al tener una etiqueta, eso me dará verdad y libertad …
La realidad no es así: un título no tiene relación con la felicidad. Lo de la etiqueta podría ser discutible.
Entonces, tal vez, para ser una mariposa me haría falta una pluma y papel para llenarlo de historias, pensamientos, curiosidades, dibujos, pegatinas, envolturas de dulces, fotos que me recuerden algo para que me aterricen en el mundo; algo que me ayude a no ver solo blanco y negro, a aceptar matices y a entender que yo soy uno de ellos.
Pero tal vez sigo siendo muy ambiciosa. Entonces la respuesta podría ser, para empezar: pensamientos, preguntas, curiosidad, valentía…Lo curioso es que creo que eso ya lo tengo.
¿Qué tal si ya soy una mariposa y no me he dado cuenta?
Las hojas de los árboles son verdes, se mueven al compás del viento y me saludan al llegar a casa.
Mis gatitos me reciben con colitas paradas y maullidos, y en la noche me arrullan con ronroneos.
Mis perritas se mantienen a mi lado, aunque ya no vean o no puedan moverse como cuando estaban cachorritas.
La gente sale a la tienda, al mercado, al trabajo, a prisa, como si la vida fuera más lenta al correr.
La música suena para apagar el silencio, o tal vez para no escuchar los pensamientos.
Todo parece funcionar bien, como un reloj. Cada cosa tiene su lugar, su ritmo, su propósito.
Y, aun así, siento que hay algo que no logro nombrar.
Tal vez soy yo la que se puso en una esquina de aquella máquina de reloj. Tal vez mis lentes están empañados. Porque, aunque agradezco todo lo que me acompaña, aunque “todo parece ir bien”, hay algo que no se llena.
Es como si llevara un vacío en el pecho. No como adorno. Uno que no se sacia, que no responde a la música, ni al viento, ni a los ronroneos.
Sin importar lo que haga, los pensamientos que cambie, ahí está, en el pecho, y me temo que cubra todo el cuerpo para convertirme en un ser como en los videojuegos: los que usan de relleno, un personaje secundario de mi propia vida, una amargada que sólo tiene gatos para tratar de llenar la habitación, pero sin conocerlos a todos, sin saber su personalidad y sin saber si alguno me necesita.
Un algo gris que ya no saluda a los árboles porque cree que es estúpido, y que lo era por creer que me saludaban.
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Es como si buscara algo “extraordinario” con qué llenarlo o, al menos, calmarlo. Pero, a veces, nada lo es.
Otra ocasiones, descubro que se encuentra en demasiadas cosas y no sé cuál elegir; entonces me abrumo, le quito peso a todo para que nada lo sea.
Y, al final, concluyo que ese vacío no existe.
Que ese hueco de nada es bueno, porque no hay leyes ni estructuras rígidas; eso me da libertad de hacer lo que yo quiera, y tal vez ese nada es lo que me asusta.
Me paraliza porque me exijo, me presiono por crear ese algo extraordinario que busco, pero antes siquiera empezar, me canso, me tiro al suelo sin siquiera haber entrado a la batalla.
O simplemente es porque siempre intento explicarlo, colorearlo, entenderlo… y aún no me atrevo a sentirlo del todo.
Las entrevistas son pocas en un mundo que exige habilidades como si la
especie humana aspirara a ser un robot: uno que no siente, no se cansa y
solo existe para producir dinero. Entre menos sientas o pienses, mejor. Así te podemos programar al
gusto.
El verdadero problema es que, como un gran idiota me dijo alguna vez:
“sientes mucho, no deberías hacerlo, trata de ya no sentir”. Ojalá fuera fácil.
Como si mi sensibilidad, la forma en que veo el mundo, a las personas e
incluso a las cosas, mi sentido de justicia y mi manera de pensar fueran un
botón que pudiera manejar a mi antojo; prenderlo y apagarlo según convenga
para no incomodar a los demás.
Al mismo tiempo, hay otra parte de la población que siente algo parecido, más
o menos que yo, que lo aplaude y casi exige sentir aún más, como si no
existiera un precio que pagar por vivir de esta manera.
Peor aún: la sensibilidad —o todos estos sentimientos que ni siquiera siempre
se pueden nombrar— no se pueden monetizar, entonces debes aprender a ponerte
un traje. El dinero no se lleva bien con los sentimientos… bueno, salvo con
los de avaricia; esos siempre están ahí, coqueteando. Seguramente alguna vez
caí en eso. Tampoco quiero hacerme la mártir ni la inocente, porque sería la
primera mentira del texto.
Por eso dicen que no es bueno estar en medio. Aparentemente ese siempre ha
sido “mi problema”: no decidirme por un lado. No porque no quiera, sino porque
otra cosa en mí es la polarización extrema. Todo es blanco o negro. Me olvido
de la existencia del gris y de los miles de millones de tonos intermedios.
Aun así, siempre elijo el cero, porque está al centro del plano cartesiano. Como
referencia. Como punto de partida. Como lugar incómodo desde donde miro todo.
Este año se sintió como una extensión del anterior, como si no hubiera ocurrido el cambio de calendario. A veces tengo que preguntar si algo pasó en 2025 o en 2024. Los meses se desdibujan, se superponen, pierden contorno.
Fue un año atravesado por el silencio de las empresas, y mi mente, experta en llenar vacíos, aprendió a poblarlos con defectos que quizá no existen. Una forma torpe, pero eficaz, de anticiparme a comentarios que nunca llegaron.
Con el paso de los meses entendí que estaba esperando un eco que no volverá —diría Cerati—. Ya no sé si fui consciente de mí o qué tan adentro estuve de ese agujero de conejo por el que sentí que caía, lenta pero constantemente.
Un año que no parecía dar tregua para sentir. Antes de tomar la dificilísima decisión de dormir al amor de mi vida por catorce años, el tiempo se volvió huracán. Desde la pérdida de Lucho, todo giró con más fuerza. Lo extraño profundamente, igual que a Pi.
La quietud no fue sólo laboral. Fue como si el ojo del huracán me hubiera atrapado y, desde ahí, todo se silenciara. Desde fuera podía parecer que todo estaba bien, pero alrededor persistía un caos que, hiciera lo que hiciera, no parecía tener fin.
Agradezco tener la música. Tener ese tipo de trabajo y dos bandas que amo, que me sacan del huracán o me devuelven a la realidad lo suficiente como para recordarme que ha pasado otro mes, y luego otro más.
El entusiasmo por alcanzar una meta me ilusionó varias veces. Más de una vez confundí el avance con el regreso al mismo punto. Y aun así, la música volvió a rescatarme: me acercó a algo parecido a un centro, o al menos me mantuvo ocupada, sintiéndome útil.
Tal vez no salí del huracán. Tal vez sólo lo musicalicé. Pero eso bastó para sentirme acompañada y creer que los vientos no eran tan despiadados como parecían.
Fui a Cuernavaca. Anduve del tingo al tango con la orquesta hasta casi finales de año. Volví a cantar con el coro y, sólo por eso, podría decir que fue un buen año. Pero hubo más: estar en contacto con Lobito; entregarle el muñequito que hicimos mi mamá y yo; asistir al concierto de los Bandalos; ver a mis dos bandas favoritas sacar nuevo disco; reencontrarme con Aurora en el Corona Capital; cumplir el sueño de ver a los Gallagher juntos otra vez; y permitir que Russian Red trajera de vuelta memorias como una ola.
Como cereza en el pastel, tuve el enorme honor de proyectar en Bellas Artes. Confirmar cuánto he aprendido y aceptar, sin culpa, que me gusta profundamente hacerlo.
Fue un año de cambios en casa, de trabajos pendientes, de conocer lugares nuevos, trayectos distintos y música compartida gracias a Amito. Un año de intentos, de aprendizaje. De disfraces tiernos y bien hechos, de risas, lágrimas, sueños extraños e historias que valdrá la pena recordar.
También fue el año en que entendí lo fuerte que es mi cuerpo y la cantidad de estrés que puede soportar para mantenerme viva. Y quizá, sobre todo, el año en que confirmé cuánto amo a mis gatitos y lo importante que es para mí cuidarlos y protegerlos.
Según yo, quería subir más fotos pero mi texto tampoco fue muy largo. Equis. Como cada año, gracias por leerme. Que tenga un año lleno de salud, éxito pero sobre todo, de música.
Ojalá que el 2026 sea el año en que se acaben las guerras, la economía se recupere un poco, consiga un lindo trabajo o lo surfee como este o mejor aún.
Me encanta como el misterio los envuelve otra vez. Los segundos que venían anticipando después de hacer publicos los letreros por todo Buenos Aires, era la mezcla perfecta de nostalgía por discos como A propósito o Romantisismico encajado perfectamente con los bits de la pregunta combinado con Bye bye o la izquierda de la noche*
*Eso es desde mi punto de vista. Está bien si usted no opina lo mismo. Calma.*
Es como si todo lo que ha sucedido a la humanidad estos años hubieran sido necesarios para llegar hasta hoy, pero sin la sombra de la muerte de la pandemia o el miedo a salir.
Me encanta como el Adrian coqueto y provocador condensa el tono perfecto para decir frases como “eso parece”, con una combinación de complicidad y armonía.
Amo que el coro de Uma dibuje el camino que dejó a medias su hermano para continuar provocando uniendose con los perfectos riff de las guitarras para invitar a bailar.
Y ni hablar del vídeo. Me encanta que salgan todos, que muestren los difrentes instrumentos que introducen. Que los bailarines acompañen a Adrián; el cambio de cámaras y que cuando va a decir advertencia, Dárgelos quedé en primer plano previniendo el título; que nos muestren el vídeo del vídeo del extintor.
Sé que hace mucho no escribo de ellos y que puede parecer que ya no los amo como antes o que sólo me interesan cuando sacan algo nuevo o algo así.
Yo sé que no es cierto pero también que a nadie le importa. La verdad que si he estado alejada de ellos porque después de que regresé del Luna Park, siento que literalmente fui a la luna con ellos y que nada lo podrá superar.
Peor con la pandemia; me pasó algo que aún sigo descubriendo. La pandemia me hizo extrañarlos por montones, aunque también creo que la que ha sufrido más cambios que la propia música de ellos soy yo.
Tal vez me alejé de ellos porque necesitaba desintoxicar las canciones, quitarles el poder de recordar ciertos momentos o acciones que pasaban en ese momento que sonaban en mis audífonos.
Mi estado empeoró porque me daba tristeza alejarme de ellos, me asustaba que todos estos años de música y anécdotas juntos mostraran que todo fuera una farsa.
Aún no sé si me curé; pero estoy super segura que ellos son mi vida y agradezco que sean los elegidos para saber que aún existe algo que me emociona, que me hace sentir viva y que desnutre mi tristeza (aunque sea por 3 min que duré cualquier canción de ellos).
Después de todo lo vivido el año pasado, es imposible no agradecer a estos meses por todo lo que me dejaron. No estoy segura si fue un año de magia, gratitud o reforzamiento de las enseñanzas del 2023.
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Empezando por iniciar con "Amor brujo" y que mi intuición me dijera que el milagro que tanto pedia se cumpliría, sólo debía creer y esperar.
Si bien el pasado me recordó el trauma de las perdidas de mis seres queridos, este me hizo recuperar mi paciencia y entender que no puedo huir de mi misma por más capas de construya a mi alrededor o cambie de piel.
El año que me permitió adoptar a la vaquita y sus gatitos mágicos que cambiaron de color con los meses, que me han permitido ser parte de su familia, verlos crecer, jugar, aprender y hacer travesuras.
Agradecer porque Bastet, Dios, magia o todo en conjunto cuidaron a mi Mandy y me permiten tenerla a mi lado todas las noches, que no importo la herida, lo mejor es que ahora está más unida a mi.
La magia de ir a exposiciones muy bellas al lado de mi mamá, mi hermano, Mara y Amaral, con muchas bellas fotos de recuerdo.
Obviamente un enorme gracias por ser el año en que el milagro de que mi Frijolito regresará a casa se cumpliera y me dejes compartir más tiempo y aventuras con él por muchos varios años.
Gracias por dejarme tener a cada uno de mis gatitos a mi lado con salud al igual que a mi mamá y a toda mi familia.
Fue un año curioso porque ha sido en el que no fui a terapia en todos estos meses, me llevo mejor con mi ansiedad y he aguantado tener un poco más largo mi cabello.
Un año en el que fui despedida 2 veces de diferentes trabajos, que me ha hecho creer que en serio tengo un problema conmigo misma, pero también a entender que debo ser fiel a mi misma antes que aceptar ser un robot para que su riquezca crezca pisoteando a los demás.
Y sin embargo, el año que me permitió viajar con la orquessta a Guanajuato y conocer voces muy hermosas, potentes y arias increíblemente bellisimas.
El año que me permitió cumplir el sueño de estar en valla en el Auditorio nacional escuchando a la banda de mi vida, además de lograr ir los 2 días seguidos.
También me dió la oportunidad de ver por segunda vez a Aurora y llorar de lo lindo con Amito a mi lado, sentirme muy afortunada por tenerlo a mi lado por todo su amor y apoyo; además de su complicidad para disfrazarnos de algo increíble el día de muertos y que nos tomaran muchas fotos.
Sobretodo por entender lo afortunada que soy por tener una mamá como la mía que me ayudó a hacer la mini Coraline y Aurora; además claro de que pase más tiempo con ella y hasta siento que la conozco un poco más humana.
Por ser un año indescriptible con un poco de más soltura en las letras tratando de deshacer el nudo que traigo por dentro y dejar de sentirme como robot.
Gracias por ser un año hechizante y darme personas que me rodean, que me muestran otra parte del mundo y de su mundo para poder ser más sabia con otro año que se nos agrega a la existencia.
Gracias por estos 366 días de enseñanza y permitirnos respirar un día, un año más. Y sobretodo, gracias por leerme.
Este post se iba a publicar el año pasado, pero no me sentía bien y pensaba que mis palabras se quedaban cortas para como me sentía en ese momento. Lo publico ahora porque es una deuda que tenía conmigo misma el año pasado y siento que no puedo avanzar para hacer el post de este año.
Si algo no se entiende es que lo edite mal...disculpe las molestias.
En diciembre del 2022, antes de mi cumpleaños, mencioné que le tenía un poco
de miedo a cumplir 33 por creencias tontas de números, esperaba que la vida me
hiciera comerme mis tontas creencias pero parece que se lo tome como reto
porque dijo: para que creas más y culpes al universo. Yo y mi
bocota.
Se puso a prueba mi estabilidad mental y al no tenerla tan segura
como pensé, se vino abajo ante casi cualquier mínima provocación
cuando me corrieron del trabajo.
Pero también es cierto que no estaba del todo feliz dentro de aquel
trabajo. No quiero dar detalles. Y en verdad que agradezco el haber
entrado y salido así.
Desperté a mi amiga ansiedad, se le hizo agradable colgarse de mi y
susurrarme ideas que no tenían sentido.
Pero agradezco que lo haya hecho así porque ahora la conozco mejor, me
puedo sentar con ella a platicar como las amigas que somos.
En febrero fui a ver a los amores de mi vida, disfrutarlos un poco
como antes compartiendo muchas risas con Auro, mis primas y
obviamente, Amito.
Se cumplió un año más junto a Amito hermoso que agradezco todos los
días estar a su lado y que me permita estar con él.
Pensé que todo mejoraría, que conseguiría trabajo y todo volvería a
la tranquilidad. En lugar de eso me metí a un torbellino de emociones no deseables, surfeables pero
nada agradables.
Por suerte, pedí ayuda y pensé que todo ya lo tenía controlado, más
porque fui a mi primer concierto de Aurora donde lloré como hacía
tiempo no lo hacía, es más, pensé que ya había perdido esa
sensibilidad y capacidad de hacerlo por algo bonito.
Además, fui con mi hermano a ver the Raveonettes y a los pocos días a
Zaz, que ambos los vengo siguiendo desde hace varios años. Siento que
debo muchos post con muchos detalles de esos hermosos conciertos pero
si todo va bien y tengo ánimo, saldrán algún día.
Pensé que mi ansiedad en verdad se había convertido en una buena
amiga, que con la música de meses anteriores la había calmado o
hipnotizado cuando me enteré que mi Luchito tiene leucemia y tuve
miedo de perderlo a él y a todos los demás.
Esa noticia me empezó a hacer recordar mi niñez cuando tenía mucho
miedo de perder a mis amigos ronroneadores.
Empiezo a creer que eso atrajo lo que siguió en Junio, porque desde el
17, todo empezó a ser oscuro y triste, sin consuelo alguno, perder
sentido poco a poco y buscar a mi Frijolito.
Llegué a pensar que lo encontraría o él sólo regresaría cuando me
acordara algo que no hice en mi infancia cuando se perdió Chicharito o
la Pitufina, pero de verdad que he hecho todo lo que se me ha
ocurrido.
También pensé que llegaría cuando aprendiera a vivir con el dolor de
su partida o que mientras más rápido sanara la herida, más rápido
regresaría pero no ha sido así.
Si bien he ido entendiendo el dolor, respetándolo y dejándome fluir lo
más que puedo, no ha llegado el día en que vuelva a abrazar a mi
pequeño negrito.
El buscar trabajo me dejo de importar y no recuerdo bien que ha
sucedido, sólo me la he pasado contando los días que estoy en su
búsqueda, recolectando algunas anécdotas en las salidas en la noche,
tarde y día.
En agosto llegó Bombón desde la prepa, le dije que nos haríamos
compañía porque ambas extrañamos a nuestra familia cuando se escondió
en el mismo lugar cuando creí que mi Frijolito se llamaría
Trufita.
3 días después, pudieron agarrar a Susu y empezó una batalla contra la
diarrea que le agarro a Bombón.
El miedo de perder a una gatita que apenas acababa de conocer se hacía
más grande y no paraba de reclamar o pedir respuesta del ¿Por qué me
estaba sucediendo esto? ¿Qué debía aprender de todo esto?
Después de varias medicinas, pude ver jugar a mi pequeña gatita con su
hermana y ya con eso agradecí infinitamente la oportunidad de
conocerla.
Para septiembre entré a trabajar al banco del que hice la prueba el
último día que Frijolito estuvo acompañándome en la sala y la entregué
muy emocionada.
Me dije que ese trabajo me lo consiguió él y juro que daría lo que
fuera por cambiar ese trabajo ridículo por mi precioso Pechan.
No quiero entrar en muchos detalles del trabajo con don negocios, sólo
diré que agradezco por las personas que he conocido y todo lo que he
aprendido más allá del código.
Creo que fue en septiembre mismo cuando me dieron la noticia que Febe
tenía insuficiencia renal, que tenía que ponerle terapia de líquidos
cada semana y ver como reaccionaba con eso.
En un principio la veía mejorar un poco, pero después no sé y el miedo
de que le doliera empezó a hacerse muy grande.
Después de que entré a trabajar, empezó a tener la costumbre de
salirse a la calle. Tengo varias teorías del porqué lo hacía; entre
ellas que salía o se iba a ir para morirse en otro lugar y protegerme
(aunque no entiendo bien porqué).
Para el 1 de noviembre desapareció sin más y empecé a buscarla
tratando de adelantar todo lo que siento que tarde que hacer con
Frijolito.
Recibí un intento de extorsión pero mi angustia desespero al malhechor
y me colgó; para la noche del 3, mi mamá me dijo que los perros la
atacaron y se llevaron su cuerpecito...
Después de esa noticia, lo poco que había reconstruido de mi corazón y
mi mente por el dolor, se vino abajo como si fuera un castillo de
naipes, un efecto domino.
Me sentía muy oscura, exactamente no sé bien como describirlo porque
creo que no pude procesar bien ahora, 2 perdidas repentinas y me volví
un robot, una persona de trapo sin corazón ni mente, estaba en piloto
automático que sólo el llorar me recordaba que seguía siendo
humana.
Tanto dolor y sentimiento se hizo un nudo en el pecho. Así fui a ver a
Sir Paul McCartney, días después una tremenda gripa que me hizo
sentirme peor que el covid y me impidió ir al primer día del Corona
Capital.
Estuve tentada a perder la oportunidad de ver a Tessa y entregarle su
simi que hice para ella para invitarla a regresar pronto a
México.
Mi mamá me inyectó y así pude ir a ver a otra de mis ídolas actuales
que pensé que tendría que ir a EUA para cumplir el sueño de oírla en
vivo alguna vez.
Llegó un punto que sentía que no podía más y en un ataque, estuve a
punto de mandar todo a la mi...a; pero volví a terapia para aguantar
diciembre.
Si algo debo agradecer este año es haber conocido a Miriam, sus
consejos y platicas que me animaban a ir a la oficina con el
corazón roto por mis negritos.
Para el último mes del año, traté de disfrutar los conciertos
navideños y poniendo mi dolor en cada canción para que saliera un
poco de todo lo que sentía; cualquier oportunidad para pedir un
deseo, obviamente pedía encontrar a mi pequeño Frijolito o que al
menos, tuviera una señal de qué él no regresaría a mis brazos otra
vez.
Fue un año que me hizo recordar varias cosas de mi infancia, mis
miedos, mi soledad, mi paciencia, pero también a mi misma; que amo
mi esencia.
Que me hizo aprender y agudizar mis sentidos; a aprender de mi
misma y de esa pequeña niña madura de 6-9 años.
A distinguir sentimientos, sonidos, colores, miradas y ver todo
en una mejor perspectiva. A aceptar lo valiente, necia y fuerte
que soy con este corazón que habita en mi.
Es como si estos años anteriores hubiera estado en pausa, y es que si, la tristeza paraliza al igual que el miedo, estoy casi segura que son parientes o una se alimenta de la otra, exactamente no sé quién a quién.
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El otro día en una serie dijeron que la tristeza te hace ver las cosas como son, una hermosa estatua la vez como una simple roca, sin gracia. Y si, siento que eso me sucedió el año pasado, primero con la perdida de trabajo, aunque la música me hace vislumbrar la luz, al terminar el concierto se vuelve a apagar la luz y la tristeza me espera a la salida o cuando esta de buen humor al día siguiente.
Después con lo de mi pequeño negrito me hundí y deje que el agua me envolviera, con los años perdí el miedo de estar dentro, hasta puedo decir que le agarre gusto porque conozco el límite donde no debo cruzar; de hecho, me da miedo descubrir que hay una nueva tristeza en mi y se apodere por completo de mi. Algo tipo Venom.
A pesar de que sucedió el milagro que esperaba, quedé adormilada o tal vez algo dentro de mi no le llegó la noticia de mi negrito porque sigue viendo al vacío como si ahí estuviera mi antigua yo antes de ese suceso.
La chispa a veces se asoma y puede ver las cosas pequeñas, si es demasiada emoción pueden ser plasmadas o tengo animo de pintar o cantar alguna canción.
Aparte, después de pandemia que venia ya de una pausa enorme, siento que me he olvidado de quien soy en realidad o hacía donde iba. Como si mi brújula se hubiera quedado pegada, perdió la orientación y ahora no sé como recobrar esa dirección porque lo peor es que me olvidé en que me había quedado, como si todo el trabajo que hice en años anteriores se hubiera desmoronado.
O como si el volante de mi auto o nave hubiera salido de su orbita y fuera sin control a ningún lado, no ha perdido el control y mantengo firme y a flote la nave pero no sé a donde dirigirlo o qué hacer o como construir uno nuevo porque aunque lo tenga nueva, no hay dirección a donde quiero que sea mi siguiente aventura. Todo lo que intento no me agrada, más que el miedo es aburrimiento.
Esto lo escribo para ver si así se acaba mi racha de estarme tirando al suelo yo sola sin motivo o razón aparente. Lo escribo porque sé que a los pensamientos los envenena el aire, ser plasmados o pronunciados, pierden en poder en mi si están afuera.
Era una mañana fría, aunque los rayos del sol se cuelan por la cortina. Todo parecía normal y sin ninguna novedad exploraba la plataforma que contiene las listas de reproducción que he hecho en todos estos años desde que existe.
Decidí escuchar voces femeninas y al darle play en aleatorio, me estremecí porque desde el segundo uno mi cerebro retrocedió a aquel diciembre del 2012 donde bauticé como caos a la autopista por la que sentía que iba mi vida todo el año.
En esa playlist sin darme mucha cuenta la arme con canciones que me ayudaban a pasar malos ratos con tipos que ahora me tienen bloqueada o yo rezó por no volverlos a encontrar en mi camino.
Vino a mi memoria cuando sentía el corazón en el estómago y lo único que mi cuerpo quería era vomitarlo para sentirme bien.
Algún acorde trajo de jalón la sensación de querer unir cada parte de mi al verte con ella cada mañana, al no recibir ninguna respuesta a mi carta que viajo por mar y tierra o al no saber distinguir la verdad de la mentira de lo que salía de tu boca.
Le cambiaré el nombre a la playlist que diga rasguños del corazón para que parezca que no me hiciste tanto daño.
Tiene canciones que guardan el silencio de las noches que me pasaba en vela escribiendo en donde fuera lo que fuera para entender lo que sentía hacía a ti, deseando que la pantalla de mi celular se prendiera con tu nombre iluminándolo.
Varias melodías me traen el recuerdo de aquella noche que escuché la artista en vivo en aquel bar imaginando que estabas a mi lado para decirte con la mirada que era tu canción.
Contiene aquella intérprete que me recuerda que para los crushs sólo soy un juego y que no puedo creer que el sueño de haberla escuchado en vivo el año pasado supera el festival donde me la pase enojada por romper tu promesa de ir juntos a escuchar otra banda que me mostraste y ansiosa por si te encontraba de la mano de ella.
Encierra la desesperación por llamar tu atención; la vergüenza que me hacías sentir si aceptaba frente a alguien que sentía algo muy fuerte hacía ti; la inspiración de letras para lograr post; las lágrimas que no se pudieron convertir en letras.
Con los años he aprendido que como método de autoprotección, mi cerebro borra recuerdos felices para facilitar el proceso de no querer volver a tu lado, tal vez por eso este post tiene recuerdos tristes o tal vez, porque son los que escondo en las canciones.
Algunas canciones no las podía dejar de escuchar porque sentía que así te tenía cerca y en sueños regresaba el tiempo en aquel tren al sur al día que te dije que terminábamos.
Incluso trae la canción que te enseñé, te gustó y por ello me di cuenta que una chica te mandaba mensaje por la que peleamos.
Aquella playlist ha sufrido varios cambios como de nombre del que ha entrado a mi vida y me ha dejado marca, lo único constante son los textos largos que provocan y agradezco
Algunas más agradezco infinitamente al cielo el no atarlas a ningún nombre masculino y que me recuerdan lo que soy y fui por todos estos años; así como la vez que me grabé cantando una canción y como no me gusto mi interpretación hacía muchísimos años no la escuchaba.
El aleatorio juega con mi memoria y, de pronto, evoca el recuerdo de otro chico con quien viví anécdotas curiosas, como aquellas veces en las que me escapaba del trabajo para comer. Con él, intenté no hacerle daño porque no quería que sufriera lo que yo estaba viviendo con otro, ese que apenas me notaba.
Y de repente, regreso a ese día de lluvia intensa, cuando salí del edificio llorando, con el corazón roto, porque me acababan de decir lo opuesto del hechizo que la letra de esa canción prometía.
Hoy en día, una hermosa noruega esta musicalizando los días felices. Ya no me da miedo que me lastimen porque el dolor es como una canción, no dura para siempre.
Ahora que lo veo y entiendo, he crecido demasiado en el tema del corazón y que ahora acaricio cada cicatriz con cada canción. Póngale la música que quiera a cada recuerdo.
Nota: este post está inspirado en (desafortunadamente) varios y diferentes tipos que me han hecho daño con o sin mi consentimiento.
Mi nombre es Frijolito, soy un pequeño gatito negro de año y medio que parece llevar una vida normal. Después de haber nacido en la calle y haber vivido un corto tramo de mi vida en ella, ahora resido en una casa con otros gatos domésticos y una mujer a la que llamo mamá. Les voy a contar como la conocí, me perdí y la volví a encontrar.
La primera vez que vi a mi mamá humana, yo tenía mes y medio de haber nacido. Me escondí debajo de un carro por temor a que me hiciera algo, aunque no percibí maldad en su olor, decidí mantenerme a distancia.
Me sorprendió que no insistiera en agarrarme y se marchara. Pensé que había logrado evitarla, pero poco después regresó con comida seca y me la ofreció. Hambriento, me acerqué a comer y, aunque intentó agarrarme, siempre fui hábil en esquivar sus manos. Como no logró su cometido, se retiró.
Pronto lamenté no haberme dejado atrapar porque volví a tener hambre y aquella humana no volvió con más comida. Por las noche me escondía en las llantas de los artefactos que hacen un endemoniado ruido como si hicieran un horrible intento de ronroneo y ellos lo usan para desaparecer de la calle.
En las noches, casi siempre me ponía muy triste porque extrañaba a mi mamá y a mis hermanos. Me salí de la manada y terminé aquí solo, maullando para que alguien regresara por mi, pero sólo pasan humanos sin que nada ni nadie les importe.
A veces, perros merodeaban la zona y yo me quedaba lo más quieto y callado que podía, solía ensuciarme de tierra para salvar mi olor y engañar a esos animalejos que babean por todo. Me dan asco y miedo.
Pasaban días y aquella humana no traía comida, en cambio, venían extraños que intentaban agarrarme pero como olían a ser malos, huía y me escondía.
Varios días después, la humana que huele a otros gatos y habla como si me entendiera, reapareció con comida, esta vez, trajo algo más sabroso, jamás lo había probado pero me agrado la textura, el sabor y sobretodo, la parte líquida. Al terminar, le agradecí y me fui apresuradamente. Ella pareció enojarse y entristecerse, sin comprender por qué.
Al día siguiente no volvió a darme de comer, de vez en cuando oía su voz aguda pero no entendía lo que decía, yo no salía por temor a que algo me pasara, sobretodo porque era temprano y podría ser peligroso.
Pasó un señor amable y me llamó "Frijol", me gusto aquel sonido de la pronunciación de las letras, ahí fue cuando empecé a desear un hogar y un humano que me amara mucho, me llamara por mi nombre y que me acurrucara en su regazo mientras veía cosas brillantes con movimiento en un cuadro.
Posiblemente alguien me escuchó y me lo concedió porque una humana apareció, no era la misma de días anteriores, pero tenía un olor y voz similar, además que me inspiraba confianza. Me dio comida y no podía darme el lujo de rechazarla, mi estómago me exigía llenarlo con lo que fuera. De pronto, sentí un jalón, me defendí pero fue inútil, ya me tenía en sus brazos.
No sé si aluciné pero escuché la voz de la primera humana, mi corazón no paraba de latir fuerte y mi cabeza de generar pensamientos horribles. Es ella, estoy con la humana que me alimentaba pero ya no estoy en la calle, ahora estoy en el lugar que le genera su olor, huele a comida y a otros animales.
En cuanto me sentí libre de sus manos me escondí en el primer lugar oscuro que encontré, asustado, creí que ya no había salida. "No debía acercarme tanto a sus manos, ni a la comida", repetía en mi mente.
"Cuando menos lo piensen, me escaparé no sé cómo y no volveré a confiar en los humanos, ni en su comida", seguía diciéndome. Me quedé dormido llorando en silencio, enojándome conmigo mismo por ser tan tonto y dejarme agarrar.
Desperté por el olor a la rica comida que había probado días antes y escuche varios maullidos. Las manos volvieron a aparecer para dejarme un plato cerca de mi, no quise salir...pero en verdad tenia hambre y olía delicioso. Espere hasta asegurarme que todo era seguro para salir a comer y regresé a mi escondite.
Conforme pasaban los días me fui acostumbrando al olor, sé que la humana me alimenta e intenta acariciarme y se lo permito para que no me haga daño pero estoy alerta por si se quiere pasar de lista.
Me cae bien porque sus manos son suaves y me mantiene más calientito, además me acaricia con cariño y atrás de mis orejas donde no alcanzo, debo admitir que se siente bastante bien.
He conocido a otros gatos que se ponen afuera de mi escondite y me han dicho que es buena humana, que los alimenta y juega con ellos, pero me da miedo salir a comprobarlo.
Por la noches cuando todo esta tranquilo en la casa, salía a explorar y encontré una caja con cobija y varios juguetes; uno de ellos lo juega Lili, una linda gatita rayada que también llegó hace poco con su hermano Fili. Ella me dijo que es muy divertido estar aquí porque es libre y tiene de comer. Que a la humana le dicen mamá y que debería confiar en ella.
El juguete favorito que me regaló es un pequeño circulo esponjado, que cabe perfectamente en mi boca y me recuerda cuando cazaba en la calle, pero está vez con el estomago lleno y me divierto. Lo guardo en la caja que me puso para que no me lo quite y yo no olvidé donde lo dejo.
Un día la humana me agarro, estaba muy asustado pero no sabía que tenía frío hasta que sentí su calor y de pronto, sentí mucho sueño. Dormí en sus brazos, muy calentito y feliz.
Después de ese día, me empezó a llamar "Frijolito" porque dice que soy pequeño, saltarín y parlanchín. Pero como me sigo escondiendo, una noche, con voz enojada y los ojos húmedos me regaña diciendo que no debo tener miedo, me recuerda la calle y me pongo a reflexionar que ella me está pidiendo que confíe en ella.
No sé cuanto tiempo ha pasado pero me siento muy feliz en esta casa, amo a la humana que ya llamo mamá porque me hace muy feliz. Me ha hecho olvidar el frío, la soledad y el miedo.
Cuando estoy tomando una siesta y ella llega, le gusta acercar su nariz y juntarla con la mía, es de mis momentos favoritos del día porque refuerza mi amor por ella.
Un día, muy temprano subí a la azotea por las escaleras de tubo para jugar con la tierra y las hojas secas, algo brillante en la calle llamo mi atención y bajé por el árbol que está al lado de mi casa para investigar: "Es fácil y rápido", pensé. Me podría subir del otro lado de la casa por el carro que se encuentra en la esquina.
Como el plan lo indicaba, bajé por las ramas como todo un experto, al llegar abajo me olvidé a que iba, o tal vez, lo brillante desapareció, porque sólo recuerdo personas que gritaron, un ruido horrible me asustó y corrí hacía el auto del otro lado de la calle, pero para mi mala suerte, el vehículo no estaba y no tuve más remedio que correr hacía no sé donde.
Me escondí en la llanta, como cuando era pequeño, veía gente pasar, me olvidé que ya no soy más ese pequeño gatito de las calles. Al caer la noche y cuando no hubo tanto ruido, corrí para donde pensé que se ubicaba mi casa, pero cada vez, el olor a mi mamá y mis hermanos se diluye y la tristeza se concentra.
Mi hermana Lili es mi favorita
Desde que salí de casa y corrí despavoridamente quien sabe a donde, he conocido a otros gatos que no me creen que tenía una casa y una humana que me amaba. Me dicen que lo soñé porque los humanos son malos y que los gatos que tienen casa no están en la calle o tienen un collar para indicar que le pertenecen a un humano.
Lo que no saben esos gatos es que mi mamá intentó ponerme collares pero sólo duraban pocas horas porque ella misma decía que le daba miedo que me fuera a ahorcar o lastimar por querer atarme a algo que no soy yo. No lo decía, pero sé que ella me dejaba ser libre, por eso la amo, porque no me ato a nada y eso mismo me hace odiarla porque a veces pienso que no me ha buscado o que no le importo por eso no sé donde está, hay momentos en el día que creo olerla u oírla pero no sé de donde viene su esencia, me aterra salir y encontrarme con humanos malos y mejor decido mantenerme a salvo. No pararé de buscarla.
Yo con un mes de estar en casa con mi caja y mis juguetes
He conocido a pocos humanos malos que me corren por ser negrito. Vivo entre basuras que me abrigan de la lluvia, un poco del frío y me alimentan. Sueño todos los días con mi humana y sé que la encontraré.
También me he hecho amigo de algunos gatos que me comparten su comida, algunos humanos dejan alimento y robo poco, como lo más rápido que puedo para evitar que me atrape un humano malo, un perro asqueroso u otro gato gañan que se crea dueño de la comida.
Un día, llegué maullando muy fuerte a una casa enorme con un patio porque pensé que era mi hogar, creí que mi mamá o Lili saldrían corriendo a recibirme y que por fin, esta tortura se acabaría. Pero me equivoqué, hay una señora muy gentil que me alimenta, guarda distancia y me respeta. Podría acostumbrarme a estar aquí porque no tengo que pelear con otros gatos, sólo hay una perrita a la que le platicó mi historia y dice que sus amas son buenas personas y que no tengo que temer.
Una tarde, escuché la voz de una mujer, me emocioné porque pensé que podría volverme a encontrar con mi mamá, desde que me fui, no hay día o momento que no piense en ella y sé que ella también piensa en mi. A veces si me da miedo que se haya olvidado, cansado de buscarme o de plano, ni hacer el intento, pero mi corazón me dice que me equivocó y mantengo la fe de volver a encontrar mi casa, mi mamá y a mis hermanos.
La mujer que fue a verme no es mi mamá, ella busca a otro gato llamado Gustavo, se ve muy triste y decepcionada porque no soy quien busca.
Creo que pasaron 3 días cuando estaba recostado en el pasto, escondido entre las maderas pensando en mi mamá y que tenía un poco de hambre cuando de pronto escuché un sonido conocido, "bishi bishi" se oyó y me puse alerta, levanté las orejas lo más que pude para ver de donde provenía el sonido, llegué a pensar que estaba soñando otra vez con mi mamá.
Pero por instinto maullé muy fuerte y salí de mi escondite para ver si era real o estaba soñando, "Frijolito" me llamó y maullé aún más fuerte respondiéndole, y ahí estaba, la humana que me llevó a su casa cuando era pequeño. Se veía un poco diferente, no sé bien que era, pero su cara era la misma, asustada como yo, de lejos podía leer el corazón roto que traía y se unió con el mio que se había partido por la mitad.
Maullaba y maullaba feliz porque me había encontrado, levanté mi colita como lo hacía siempre, pero aún así tengo miedo de acercarme porque que tal y es una impostora, la estoy alucinando y me lleva a otro lugar que no es mi casa.
Me da la comida rica húmeda, ¡Es ellaaaa! me siento muy muy feliz, me persigue un poco, me escondo entre los troncos en los que solía dormir y tomar el sol estos días, se acerca segura, sabe que soy yo porque me llama por el nombre que me eligió.
Imagen creada por IA para tratar de ejemplificar un poco lo que sucedió en ese momento
De un jalón me mete en una horrible jaula que siento que apenas quepo, pero huele completamente a mi casa, me acaricia y no puedo describir lo feliz que estoy porque la volví a encontrar y sentir sus caricias detrás de mis orejas.
Voy en la jaula viendo casas que no conozco pero me llegan olores conocidos que me recuerdan lo que he vivido y me siento más agradecido por ir con mi mamá que me dice que me estuvo buscando todo este tiempo. Desearía que me entendiera para poder contarle las historias que viví, los gatos que conocí y que en el mundo de los gatos, se oían rumores que una humana loca buscaba a un gato, pero nadie me sabía decir de donde era o hacía donde iba.
Con mi mamá después de reencontrarla
Llegué a casa y como si el tiempo ni hubiera pasado, me volví a meter debajo del sillón que se hizo pequeño porque ya no entró tan fácil como aquellos días. La voz de mi mamá diciéndome una vez más que salga, llora de felicidad, no puede creer que soy yo. Me saca del mismo sillón que me regañó llorando para abrazarme, besarme y ronronearme una vez más como si fuera la primera vez.
Me acerca su nariz y la uno con la mía, inmediatamente empiezo a ronronear y decirle lo mucho que la he extrañado, que llegué a pensar que no la volvería a ver jamás y que ya no se separé de mi por favor.
Mi mamá dice que fueron meses los que me perdí, por lo que entiendo fue mucho tiempo y tal vez si porque mis hermanos y la casa está cambiado pero lo esencial sigue y no puedo creer lo mucho que extrañé a todos. Incluso tengo hermanos nuevos, Bombón me cuenta lo mucho que mi mamá me extraño y que ella la ha cuidado. Lili está enojada conmigo pero ya se le está pasando y ahora ya traigo un collar que no sabía lo muy importante que me hace sentir, así ya no me separaré de mi mamá 🩵.