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Este post se iba a publicar el año pasado, pero no me sentía bien y pensaba que mis palabras se quedaban cortas para como me sentía en ese momento. Lo publico ahora porque es una deuda que tenía conmigo misma el año pasado y siento que no puedo avanzar para hacer el post de este año.
Si algo no se entiende es que lo edite mal...disculpe las molestias.
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Le echo la culpa al año como si tuviera la culpa de algo, cuando lo
único cierto es que los 12 meses fueron como de limpieza. Un enorme
destructivo.
Se puso a prueba mi estabilidad mental y al no tenerla tan segura
como pensé, se vino abajo ante casi cualquier mínima provocación
cuando me corrieron del trabajo.
Pero también es cierto que no estaba del todo feliz dentro de aquel
trabajo. No quiero dar detalles. Y en verdad que agradezco el haber
entrado y salido así.
Desperté a mi amiga ansiedad, se le hizo agradable colgarse de mi y
susurrarme ideas que no tenían sentido.
Pero agradezco que lo haya hecho así porque ahora la conozco mejor, me
puedo sentar con ella a platicar como las amigas que somos.
En febrero fui a ver a los amores de mi vida, disfrutarlos un poco
como antes compartiendo muchas risas con Auro, mis primas y
obviamente, Amito.
Se cumplió un año más junto a Amito hermoso que agradezco todos los
días estar a su lado y que me permita estar con él.
Pensé que todo mejoraría, que conseguiría trabajo y todo volvería a
la tranquilidad. En lugar de eso me metí a un torbellino de emociones no deseables, surfeables pero
nada agradables.
Por suerte, pedí ayuda y pensé que todo ya lo tenía controlado, más
porque fui a mi primer concierto de Aurora donde lloré como hacía
tiempo no lo hacía, es más, pensé que ya había perdido esa
sensibilidad y capacidad de hacerlo por algo bonito.
Además, fui con mi hermano a ver the Raveonettes y a los pocos días a
Zaz, que ambos los vengo siguiendo desde hace varios años. Siento que
debo muchos post con muchos detalles de esos hermosos conciertos pero
si todo va bien y tengo ánimo, saldrán algún día.
Pensé que mi ansiedad en verdad se había convertido en una buena
amiga, que con la música de meses anteriores la había calmado o
hipnotizado cuando me enteré que mi Luchito tiene leucemia y tuve
miedo de perderlo a él y a todos los demás.
Esa noticia me empezó a hacer recordar mi niñez cuando tenía mucho
miedo de perder a mis amigos ronroneadores.
Empiezo a creer que eso atrajo lo que siguió en Junio, porque desde el
17, todo empezó a ser oscuro y triste, sin consuelo alguno, perder
sentido poco a poco y buscar a mi Frijolito.
Llegué a pensar que lo encontraría o él sólo regresaría cuando me
acordara algo que no hice en mi infancia cuando se perdió Chicharito o
la Pitufina, pero de verdad que he hecho todo lo que se me ha
ocurrido.
También pensé que llegaría cuando aprendiera a vivir con el dolor de
su partida o que mientras más rápido sanara la herida, más rápido
regresaría pero no ha sido así.
Si bien he ido entendiendo el dolor, respetándolo y dejándome fluir lo
más que puedo, no ha llegado el día en que vuelva a abrazar a mi
pequeño negrito.
El buscar trabajo me dejo de importar y no recuerdo bien que ha
sucedido, sólo me la he pasado contando los días que estoy en su
búsqueda, recolectando algunas anécdotas en las salidas en la noche,
tarde y día.
En agosto llegó Bombón desde la prepa, le dije que nos haríamos
compañía porque ambas extrañamos a nuestra familia cuando se escondió
en el mismo lugar cuando creí que mi Frijolito se llamaría
Trufita.
3 días después, pudieron agarrar a Susu y empezó una batalla contra la
diarrea que le agarro a Bombón.
El miedo de perder a una gatita que apenas acababa de conocer se hacía
más grande y no paraba de reclamar o pedir respuesta del ¿Por qué me
estaba sucediendo esto? ¿Qué debía aprender de todo esto?
Después de varias medicinas, pude ver jugar a mi pequeña gatita con su
hermana y ya con eso agradecí infinitamente la oportunidad de
conocerla.
Para septiembre entré a trabajar al banco del que hice la prueba el
último día que Frijolito estuvo acompañándome en la sala y la entregué
muy emocionada.
Me dije que ese trabajo me lo consiguió él y juro que daría lo que
fuera por cambiar ese trabajo ridículo por mi precioso Pechan.
No quiero entrar en muchos detalles del trabajo con don negocios, sólo
diré que agradezco por las personas que he conocido y todo lo que he
aprendido más allá del código.
Creo que fue en septiembre mismo cuando me dieron la noticia que Febe
tenía insuficiencia renal, que tenía que ponerle terapia de líquidos
cada semana y ver como reaccionaba con eso.
En un principio la veía mejorar un poco, pero después no sé y el miedo
de que le doliera empezó a hacerse muy grande.
Después de que entré a trabajar, empezó a tener la costumbre de
salirse a la calle. Tengo varias teorías del porqué lo hacía; entre
ellas que salía o se iba a ir para morirse en otro lugar y protegerme
(aunque no entiendo bien porqué).
Para el 1 de noviembre desapareció sin más y empecé a buscarla
tratando de adelantar todo lo que siento que tarde que hacer con
Frijolito.
Recibí un intento de extorsión pero mi angustia desespero al malhechor
y me colgó; para la noche del 3, mi mamá me dijo que los perros la
atacaron y se llevaron su cuerpecito...
Después de esa noticia, lo poco que había reconstruido de mi corazón y
mi mente por el dolor, se vino abajo como si fuera un castillo de
naipes, un efecto domino.
Me sentía muy oscura, exactamente no sé bien como describirlo porque
creo que no pude procesar bien ahora, 2 perdidas repentinas y me volví
un robot, una persona de trapo sin corazón ni mente, estaba en piloto
automático que sólo el llorar me recordaba que seguía siendo
humana.
Tanto dolor y sentimiento se hizo un nudo en el pecho. Así fui a ver a
Sir Paul McCartney, días después una tremenda gripa que me hizo
sentirme peor que el covid y me impidió ir al primer día del Corona
Capital.
Estuve tentada a perder la oportunidad de ver a Tessa y entregarle su
simi que hice para ella para invitarla a regresar pronto a
México.
Mi mamá me inyectó y así pude ir a ver a otra de mis ídolas actuales
que pensé que tendría que ir a EUA para cumplir el sueño de oírla en
vivo alguna vez.
Llegó un punto que sentía que no podía más y en un ataque, estuve a
punto de mandar todo a la mi...a; pero volví a terapia para aguantar
diciembre.
Si algo debo agradecer este año es haber conocido a Miriam, sus
consejos y platicas que me animaban a ir a la oficina con el
corazón roto por mis negritos.
Para el último mes del año, traté de disfrutar los conciertos
navideños y poniendo mi dolor en cada canción para que saliera un
poco de todo lo que sentía; cualquier oportunidad para pedir un
deseo, obviamente pedía encontrar a mi pequeño Frijolito o que al
menos, tuviera una señal de qué él no regresaría a mis brazos otra
vez.
Fue un año que me hizo recordar varias cosas de mi infancia, mis
miedos, mi soledad, mi paciencia, pero también a mi misma; que amo
mi esencia.
Que me hizo aprender y agudizar mis sentidos; a aprender de mi
misma y de esa pequeña niña madura de 6-9 años.
A distinguir sentimientos, sonidos, colores, miradas y ver todo
en una mejor perspectiva. A aceptar lo valiente, necia y fuerte
que soy con este corazón que habita en mi.