Ciudad de México, 6 de agosto del 2026
Querida Ansiedad:
No sé cómo iniciar esto sin parecer que estoy desesperada por deshacerme de ti, o creas que lo hago para halagarte y así, en una de esas, podríamos llegar a una tregua.
Me hubiera gustado que la primera vez que nos conocimos nos hubiéramos hecho amigas o que, al menos, te hubiera puesto un bonito nombre. He llegado a creer que por eso me tienes rencor y hay días que me atacas sin piedad, porque entre más desesperada o inquieta me sienta, tu poder crece en mí.
Ahora que con el tiempo te conozco mejor, me atrevo a llamarte amiga, porque si hay algo seguro en la vida, es que nos iremos juntas a la tumba; no te puedo expulsar o separar de mí. Ya no sabría que hacer sin ti y, como diría la canción: somos una misma, uo uo.
Otras veces, creo que lo que te molesta y utilizas para atacarme es que, en todos estos años, no te he agradecido las cosas buenas que haces por mí, cosas tan sencillas como el no perder mi suéter o mis libros en la escuela, por decirte algún ejemplo sencillo. Sé que haces cosas más grandes por mí y que no siempre tengo el amor o tiempo hacía ti para dedicarte un “simple” gracias.
En algún momento llegué a pensar que eras mi enemiga, que debía mostrarte que no me podrías ganar y que somos diferentes “personas” en un mismo cuerpo; después entendí que no somos rivales y, sin embargo, cometí el error de obligarte a adaptarte a mí en lugar de crear un espacio amistoso.
Sé que te gusta acariciar gatitos y que te da miedo que algo o alguien les haga daño. Sé que los huecos o espacios vacíos te alteran y una de tus actividades favoritas es llenarlos con historias, miradas, detalles y sospechas de tu alrededor.
Sé que no te gusta ser el centro de atención ni equivocarte; por eso te agradezco que me permitas disfrutar de conciertos, la música y bailar.
Percibo que te da miedo salir a la calle sola, pero si nos tomamos de la mano, podemos asomarnos un poco para tomar alguna linda foto y entender que no hay nada que temer.
Debo agradecer que confíes en mi para aprender nuevas cosas, a pesar de que no te gusta sentirte tonta y algunos días, me eches en cara que no sabemos nada; me parece que ahí apenas estamos encontrando un punto medio para que ninguna de las dos nos bloqueemos el camino.
También sé que uno de tus deseos frustrados es ser adivina para conocer el futuro, que una de tus especialidades es cocinar escenarios dignos de una producción de Broadway, pero eso si me agrada; de otro modo, nuestras letras estarían secas en el desierto y no estaríamos intentando crear esta carta.
Estoy un poco emocionada por la próxima cita con el especialista, porque siento que será como tu fiesta de bautizo o la entrega de ese título universitario que a veces me gritas que lo necesitas para sentirte parte de algo, para justificar la falta de un trabajo o de una identidad… como si eso nos diera el valor en la vida, o al menos, eso me has hecho creer.
Pero en serio, será como que darte alguna forma real y no solo un reflejo en mi cuerpo a través del dolor, de unos granos con comezón desesperante o un estómago revuelto.
Con amor y delirio, tu amiga Silvia
Pd. Recuerda ver más allá de tu nariz y no centrarte en las cosas feas.
Menciones honoríficas a la pequeña Queen por haberme motivado a escribir y mandarla. A Amito por echarme porras y a mi mamá por estar conmigo siempre, además de aguantar mis emociones mientras proceso lo que está sucediendo alrededor. Y a Tona por hacerme publicidad en su espacio.












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