Toda mi vida he sido antisocial y he querido estar "encerrada" o alejada de casi cualquier contacto humano. Siempre he considerado que llevo bien mi soledad o el aislamiento. Me agrada mi silencio que contradictoriamente es lo más alejado a lo que hay en mi mente.
Sin embargo, con toda esta situación siento que hasta para mi es necesario salir porque de otra manera no tengo que escribir en mis libretas, no tengo con que imaginar cualquier cosa, es cierto que los libros ayudan pero hace falta el caos de la ciudad, los ruidos, la rutina para descubrir algo que ayer no vi o sentí. Locuras mías. Bla bla.
El jueves, me parece, salí al mini super cerca de casa y al regresar me di cuenta que sentía algo en el pecho: mi amigo el miedo del que me había aislado no sé cuantos días desde que se declaró la emergencia sanitaria.
Un miedo diferente a mis inseguridades cotidianas, un miedo diferente a que algo no me salga en el trabajo o que me despidan por la economía. Es decir, antes de esta crisis mundial ya me había "acostumbrado" o, para que no se escuche tan feo, había aprendido a lidiar con el miedo de salir a la calle y que me acosen, me sigan o hasta desaparezcan.
"Domine" el miedo a equivocarme en el trabajo, a que me hagan burla, noten mis inseguridades o a no saber que hacer frente a una situación determinada; ya lo dijo Nairobi en la casa de papel, el miedo es casi nuestro amigo cuando lo agarras de la mano y caminas sola por la calle.
Pero ahora que estoy en casa y salir es un miedo diferente, me da miedo que la gente se me acerque, hablar con ella y olvidar como se trata con alguien que no es mi familia, peor aún, que traiga el virus a casa y cause la desgracia en mi familia más allá si soy o no la oveja negra.
Me refiero a un miedo diferente al fin del mundo o a morir, porque si yo me contagiará y en el peor de los casos me muero no me importaría, siempre he dicho que no le tengo miedo a eso hasta que me pongo a pensar en las personas que dejaría y me arrepiento.
Es el horror y pánico pensar que mi mamá puede enfermar y perderla por la "aventura" de cruzar la puerta y toparme con otro ser humano.
Se dice entre la familia que las personas que morirán de alguna manera lo intuyen, lo saben. Recordando los últimos días de mi abuelita, ella sabía que la muerte estaba de visita, esperando el momento adecuado.
Reflexionando, yo también la sentía. Por aquellas fechas yo ensayaba el concierto fúnebre del coro y de una manera muy suya me hizo saber que las escuchaba, sólo ella sabrá si en ese momento le resultaron gratas o no.
Comió entre nosotras un rico caldo de pollo que yo no sabía que sería la última comida que compartí con ella en la mesa. Escuchó la playlist de mi abuelita que le hice y ahora ya no puedo poner sin llorar. Me susurró varias veces al oído que estaba próxima a dejar de escuchar sus respiraciones y me hacía llorar con el terrible pensamiento que al final se volvió realidad.
Me dijo a su manera que estuviera con ella y que intentara entenderla porque serían las horas más valiosas que ahora recuerdo a su lado...
Y si, la muerte se siente, puedo imaginar que se esconde, pero no, ella no es tímida como yo, ella se muestra a sus anchas, a ella le encanta que sepas que esta a tu lado...
Con todas las noticias que abundan en redes sociales, en la tele, en whatsapp (falsas o no, terminan siendo noticias), en diarios, en radios, en la boca de algún pariente informado es inevitable generar cierta paranoia.
Cuando estoy descuidada o demasiado relajada la idea de que la muerte puede estar coqueteando con la cercanía si salgo acecha y me da más miedo salir. Es peor porque cuando pase todo esto, no sé cómo podré regresar a mi rutina sin este nuevo amigo que me tomo la mano.
Sólo deseo que este miedo no lo sienta usted, que esta situación pase pronto y de la mejor manera posible.
*Pongo imágenes que no tienen nada que ver con este post porque es un poco oscuro el tema y tratar de aligerar el post